Autor: Darío Vilas
Editorial: 23 Escalones
Uno siempre se plantea, a la hora de reseñar una antología centrada en un único autor, si es mejor efectuar un análisis pormenorizado de cada historia, o uno global de la misma. Y lo hace pare encontrarse con que no hay una sola respuesta válida. Cada antología te pide una u otra cosa. En el caso que hoy nos ocupa, la unidad narrativa y sobre todo temática de la misma, me hace decantarme por una crítica global del conjunto.
Así, Piezas Desequilibradas, como su nombre puede hacernos intuir, es ( salvo en el caso del último relato de la compilación) un compendio de historias protagonizadas por personajes en cuyo interior siempre hay algo que no funciona del todo bien. No son el Mal encarnado, el "desequilibrio" en cuestión bien puede ser una simple fobia que marca la conducta de quien la sufre; de hecho, es imposible encontrar a un personaje que pueda ser calificado de malvado, al menos, entre los citados roles protagónicos. Tampoco son monstruos "clásicos", ni apenas elementos puramente fantásticos, el mal está en nuestra sociedad; en la realidad que nos rodea;está en las drogas; en los programas de testimonios que se nutren de las miserias humanas, en la incomprensión, en un mundo que acepta cualquier barrabasada como arte, si se lo envuelven en el paquete adecuado; en nuestra propia mente. El "monstruo" con el que nos encontramos es esa "pieza desequilibrada" , aquellos a los que muchas veces etiquetamos de perdedores. De haber sido sometidos a las circunstancias ambientales o a los estímulos apropiados, nosotros mismos podríamos ser ese monstruo. Y es por eso, y por algunos momento puntuales de crudeza, que Piezas Desequilibradas puede no ser una antología adecuada para los lectores de estómago sensible. Y digo que es posible, sin aseverarlo, porque yo misma me considero poco aficionada a las historias de terror que juegan con ciertos elementos de nuestra realidad, o que obligan al lector a adoptar el punto de vista del personaje "tarado" de turno, no me he sentido incómoda leyendo ninguno de los relatos de la antología.
¿A qué puede deberse esto? tal vez al tono que prepondera en la narración, pese a decantarse en la mayoría de los relatos por la primera persona, rayando con el monólogo interior muchas veces, el lector no percibe que se glorifique al personaje, ni que tampoco se le condene directamente, solo nos muestran sus pensamientos y sus acciones. Eso, y que son personas reales. No son el Mal absoluto, ni tampoco se los intenta revestir de un carisma impostado; el lector puede comprender sus razonamientos, hasta sentir lástima por los personajes, pero no siente obligado a revolcarse en la locura ajena. Y, curiosamente, eso hace más efectivas las narraciones: lo menos forzado, aquello que huye de maniqueísmos, es lo más efectivo a la larga.
Esta contemporaneidad de los terrores esbozados en la antología se traduce en una narrativa adecuada para la misma. Como comentaba antes, prepondera la narración en primera persona, adecuando los recursos y el tono de la narración a la personalidad del narrador. La prosa es ágil, directa, pero nunca pobre, los diálogos naturales. El resultado efectivo. Más en las historias narradas en primera persona que las narradas en tercera. En estas últimas, que a veces adoptan un tono cercano a la crónica, se percibe cierto alejamiento, como si se mostrase la acción desde la óptica de una cámara, con fundidos en negro ( o elípsis incluidas), lo que puede hacer que el lector no se sumerja del todo en la historia o que tenga la sensación de que le han escamoteado parte de la información ( ejemplos podrían ser "¿Quedamos?"o el "largo epílogo" de " Una luz al acecho". No obstante, esto no deja de ser una percepción bastante subjetiva y no resta valía a una más que disfrutable antología.
Finalizar esta breve semblanza destacando el que hoy por hoy es el relato que más poso me ha dejado de la antología. "Voluntad Bajo Cero". Es una de las historias más decididamente fantásticas del conjunto, al menos, en la medida en que aceptemos la narrado como real, pues al ambigüedad es otro de los elementos definitorios de Piezas Desequilibradas, y me ha recordado a uno de mis relatos de terror favoritos " Los Veraneantes, de la nunca suficientemente reivindicada Shirley Jackson. Comparten ambas historias un punto de partida similar: un hecho mundano ( la prolongación de unas vacaciones en Los Veraneantes, el reenvío "fraudulento" de uno de esos molestos correos en cadena en el relato de Darío) que desencadena una serie de sucesos extraordinarios. En ambos casos, nos encontramos también ante una sensación de aislamiento y terror crecientes, que no deja respiro al lector. Son historias que permanecerán en su memoria durante tiempo. Es más, ganan con el paso del tiempo pues las sensaciones que nos han provocado durante su lectura regresan cada vez que evocamos el relato en cuestión.
Un apunte sobre las ediciones. El libro ha salido en papel y formato electrónico (14 y 3,5 euros aproximadamente) . No obstante, al menos si se compra directamente a la editorial ( no cobran gastos de envío) regalan el e-pub al comprar el libro en papel. La edición electrónica está bien trabajada, incluso se han molestado en maquetarlo de tal forma que el e-reader puede generar una tabla de contenidos ( muy útil para ahorrase pasadas de página a la hora de buscar un relato concreto), ahora bien, comparándola con la versión impresa, he podido comprobar que en un par de relatos "Quedamos" y " El diario de Silvia" se han perdido las cursivas.


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