domingo 19 de julio de 2009

Rivalidades

Un trueno hizo temblar los cristales de la vieja biblioteca mientras una voz, ronca y con un punto de sensualidad entonaba un extraño canto.

— ikc nekak sá clutlou apass

La mujer, pues era una mujer quien entonaba el cántico, se giró hacia el personaje que se sentaba a su izquierda, sobre la mesa. Seguía siendo un gato, la única diferencia es que su pelaje había tornado de negro a anaranjado.

— Es inútil— se lamentó el minino— nunca lograremos revertir el hechizo. — Miró a Chindasvinta con ojos cargados de pesar.

— Nunca digas nunca—sentenció esta. — No llevo siendo la bibliotecaria suprema del Gran Chopito desde hace casi mil años porque me queden bien las gafas. — Alzó la mano derecha y señaló con un gesto la impresionante colección de Grimorios y libros de conocimientos arcanos que se agolpaban en las atestadas estanterías color Wengué (o así lo había llamado Rapustín, el Decorador Supremo). —Aún no se ha inventado hechizo que mis conocimientos no puedan revertir.

— Pero Chindas…— replicó el gato— ya es la décima vez que me cambias de color – se contempló en el espejo— al menos está vez he quedado de un color normal y no rosa con topos amarillos como la semana pasada. — Alzó la cabeza y viendo que la mujer no replicaba, prosiguió el discurso— Puedo vivir como gato. Todo es acostumbrarme a lamerme las pelotas sin caerme de la silla y a seducir a las gatas del callejón por la noche…...Tampoco es tan mala vida. Además, así me ahorro pagar impuestos. …
Se calló cuando su mirada se cruzó con la de la bibliotecaria suprema. Chindasvinta podía parecer un ángel en sus momentos buenos (con su larga melena rubia, los ojos azul celeste y su delicada figura), pero cuando se enfadaba su mirada era más temible que la de la mismísima Medusa. El gato sintió como el sudor resbalaba por sus bigotes.

— Como te rajes de convierto en un periquito. — Sonrió con crueldad— Ese conjuro siempre funciona. El seguir o no, no solo es cuestión de que a ti te empiece a gustar tu nueva vida, sino de orgullo profesional. ¡No permitiré que esa zorra de Recareda y su Talismán de las Siete Lunas me derroten!— Dicho aquello salió de la habitación dando un portazo.

El gato exhaló un largo suspiro cuando las puertas se cerraron dejándolo acompañado únicamente por los libros y su cajoncito de arena. Llevaba trescientos años sirviendo al Gran Chopito y Recareda y Chindasvinta siempre habían mantenido aquella especie de siniestra competición; la una hechizaba a todo el que se le ponía a tiro (a Rasputín lo había trasformado, durante una semana, en un pavo real), la otra encontraba en sus libros las formulas para revertir los hechizos.
Aunque al parecer la relación entre las dos mujeres no siempre había sido así. Helsingh , el Consejero Supremo, le había explicado que en otros tiempos había sido íntimas. Hasta que un día sin saber nadie por qué — posiblemente ni ellas tuviesen claro el detonante de aquella enemistad—se habían convertido en encarnizadas rivales. Muchos mantenían que era uno de los efectos colaterales de la paz. Ningún Dios o mortal había vuelto a intentar vacilar al Gran Chopito desde que éste convirtiese a Zeus en una Mofeta (Ahora Atenea gobernaba el Olimpo) y los Paladines del Gran Chopito disfrutaban con los retos. Sin embargo, en raras ocasiones la sangre llegaba realmente al rio, el caso de las dos mujeres era excepcional.

El gato se estiró ya abrió las mandíbulas en un bostezo mudo. Realmente no bromeaba cuando le dije a Chindas que estaba más contento con este cuerpo, pensó; soy más feliz como Gato que como Michelino , Cartógrafo Supremo. Pero a Chindas no le convencerá nada de lo que diga, me disecaría antes de permitir que Recareda se anotase un tanto. ¡Ojala se me ocurriese algún plan que me permitiese seguir siendo Gato! ;y, ya de paso, un nombre.


La solución al primero de sus problemas se la daría unos días más tarde Metamorfa, La Espía Suprema, vieja colega suya en los tiempos en los que aún era humano. Como todos los paladines del Gran Chopito, Morfa era amante de los retos y de las oportunidades para poner en práctica sus más arcanas habilidades

— Hola, Gato, veo que Chindas sigue intentado curarte…— le lanzó una mirada de halcón— Esta vez te ha dejado muy…pintoresco.

El gato lanzó un mullido lastimero. El sortilegio de esta vez había provocado que sus patas, cola y orejas se volviesen blancas y el resto del cuerpo rojo...con rayas blancas…Parecía el Pendón de algún reino remoto.

—Estoy hasta la cola de tanto ritual — se lamentó—Si pudiese la convencería de que dejase experimentar conmigo…Pero— empezó a tender el sedal para pescar la ayuda de la espía—pero ya sabes como es. Se ha tomado esto como un reto personal. Así no sabría cómo retirarme sin correr el riesgo de convertirme en un periquito.

La espía que quedó mirando al gato durante unos instantes. Dudaba si seguir sus instintos de jugadora y ayudar al manipulador minino, o dejarse guiar por el orgullo y rechazar su taimada petición de socorro. Al final primó su amor por la aventura.

— Puede que exista una solución— respondió relamiéndose ante el plan que comenzaba a formarse en su mente — hace tiempo que no entreno alguna de mis habilidades y esta podría ser una oportunidad de oro para hacerlo.


.....

Dos noches más tarde. Una curiosa Urraca se coló por la ventana del dormitorio de una hermosa mujer de cabellos color fuego. Por ahora las cosas estaban saliendo según lo planeado; Recareda no había cambiado de costumbres en más de mil años. Así que el Talismán estaría sobre la mesita del fondo del cuarto, justo al lado del busto del Gran Chopito, desprotegido por completo pues entre los Supremos Servidores del Chopito no se daba el robo mi entre los perores rivales. Aquella noche, y por una buena causa, se quebraría aquella regla no escrita.


.....

Chindasvinta estaba consultando un grueso volumen de su biblioteca cuando la puerta se abrió con un estrépito que hito tintinear las cuentas de cristal de la lámpara de araña. En el umbral, con los rojos cabellos más revueltos de lo habitual y enfundada un ajustado vestido color negro— que resaltaba un busto aún más generoso que antaño—, estaba Recareda. Le sorprendió ver que de su cuello no pendía su Talismán.

— ¡Nunca pensé que llegarías a ser tan Hija de Puta! – Le espetó mientras se encaminaba en su dirección con los ojos cargados de furia jade— Sé que disfrutas derrotándome, pero nunca pensé que serías tan zorra como para hacer trampas.

Dicho esto golpeó, con la mano cerrada en un puño cargado de sólidos anillos, el rostro de una sorprendida Bibliotecaria. El impulso del puñetazo fue tal que la cabeza de Chindasvinta se vio impulsada hacia detrás, con un estremecedor chasquido de sus vértebras cervicales, mientras de su nariz empezó a manar un torrente de sangre.

— ¿De qué coño estás hablando? – preguntó atónita Chindasvinta mientras trataba de contener la riada carmesí que amenazaba con manchar su blusa blanco nuclear.

— Mi talismán — gritó señalándose el pecho— Alguien me lo robó ayer de mi casa y tu eres la única que tiene me odia lo suficiente

— De verdad me crees capaz de hacer algo así— respondió la interpelada que había logrado localizar un pañuelo para contener la hemorragia.

Recareda dudó unos instantes antes de responder, una parte de ella no podía creer que su actual adversaria fuese capaz de tan grande bajeza. Estaba a punto de suavizar su acusación cuando una voz las sorprendió.

— El talismán lo tengo yo— respondió el Gato— o mejor dicho lo tiene alguien que trabaja conmigo.

No pudo terminar la frase. Una mano, aparentemente delicada, pero fuerte como una tenaza lo agarró por el pescuezo.

— ¿Y se puede saber por qué lo has robado, saco de pulgas? – preguntó Recareda mientras clavando una mirada asesina en el intrigante minino que no se arrendó a la hora de responder.

— Porque todos estamos hasta las pelotas de vuestra guerra. Yo estoy feliz siendo un gato, pero ella insiste en “curarme”— Señalo con la cola a una ruborizada Chindasvinta— y tú conviertes en animal a todo el mundo solo para joderla a ella…Así que le pedí a Morfa que te robase el Talismán sabiendo que vendrías aquí y con un poco de suerte podrías hablar y solucionar de una vez vuestros problemas. Cuando hayáis hablando te devolveré el maldito medallón.
Recareda dejó caer al Gato en el suelo con escasa ceremonia, para desgracia de éste ,quien lanzó un maullido quejumbroso.

— Yo tengo otra propuesta. Te convierto en sopera ahora, para eso no necesito el poder del Talismán, y luego le digo a Morfa que me devuelva lo que es mío.

— Déjalo Reca. — La interrumpió Chindasvita que empezaba a recuperar la compostura—, no vamos a morirnos por intentar hablar con seres civilizados. – Señaló con un gesto la puerta—Anda, gato, vete y déjanos hablar.

— Por cierto- dijo el minino antes de cruzar la puerta—ya que he decidido seguir como gato, me gustaría ser atigrado, tiene mucho gancho con las gatitas del callejón.

Las mujeres quedaron mirándose la una a la otra sin mediar palabra. Fue la hechicera quien dio el primer paso. Con suavidad retiró el pañuelo del rostro de la Bibliotecaria para comprobar los daños causados por su derechazo; aún manaba algo de sangre de la fosa izquierda, la nariz comenzaba a hincharse y parte del pómulo estaba adquiriendo un tono cárdeno.

— Déjame que te cure eso— Aún sin el Talismán conservaba poder suficiente para curar un daño menor como aquel.

Sin esperar respuesta dejó que los dedos de su mano derecha recorriesen con suavidad la zona afectada mientras entonaba un ininteligible hechizo. Chindasvinta contuvo un pequeño quejido de dolor mientras la herida iba cauterizando.

—Sigues teniendo el mismo mal pronto mañanero que hace trescientos años—comentó en tono ligero. Se atrevió esbozar una sonrisa al notar que su rostro había recobrado el aspecto normal. — ¿Quieres un café o te apetece algo más fuerte?

— Que le den al café— contestó Recareda mientras enlazaba a la bibliotecaria por el talle— se me ocurren cosas mejores en las que invertir el tiempo contigo.
Empezaba a caer la noche cuando una lechuza se posó al lado del gato que trataba, en vano, de escalar por las lisas paredes del edificio de la biblioteca.

— Esas dos siguen reconciliándose. Y aún les queda cuerda para toda la noche—dijo el ave ya convertido en la Espía Suprema. Al ver la expresión cansada de los ojos del gato añadió. — Estoy pensando en que tengo en casa una botella de un Whiskey cojonudo y siempre me ha aburrido beber sola.

— Nunca he podido decirle que no a una botella de Whiskey ni a una chica bonita— replicó el gato meloso. —Además, no tienen porque ser esas dos locas las únicas que se lo pasen bien esta noche.

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1 comentarios:

Canario Negro dijo...

Un nuevo relato surgido de la iniciativa " escritura automática" aunque esta ves he ampliado y retocado algo el texto original.

Las palabras de partida eran : Bibliotecaria, Gato, Talismán.

Aprovecho para inaugurar nueva etiqueta: Paladines del Gran Chopito, para albergar más relatos relacionados con este extraño mundo de seudodioses que me ha surgido.