martes 14 de julio de 2009

Estos humanos....

Meg dio un mugido de sorpresa cuando un extraño objeto circular se estrelló cerca de los campos donde normalmente pastaba tranquila. Llevada demasiados años dando leche como para que el mundo de aquellos seres pálidos de dos piernas le sorprendiese. Sin embargo, nunca había visto nada como aquello. Cierto era que el objeto se parecía bastante a aquel disco de plástico con que jugaban a menudo los hijos del granjero, golpeado en ocasiones el hocico de una hastiada Meg, pero cuando este caía al suelo no hacía saltar extrañas y cálidas luces anaranjadas, ni hacia un ruido capaz de hacer vibrar la tierra bajo sus pezuñas; además la cosa era como diez veces más grande que el disco irritante.

Se había acercado a oler el extraño disco cuando el hombre que le tocaba las ubres todas las mañanas para robarle la leche, salió histérico de la casa y la apartó a un lado con escasa ceremonia. Meg lanzó un mugido de protesta, pero el hombre parecía hipnotizado por aquella cosa; ella volvió a su prado a seguir pastando.
El resto de la tarde resultó curiosa ya que pudo dedicarse a contemplar tranquilamente las locuras de las que eran capaces los humanos. Su prado se llenó de intrusos fascinados por la cosa. Si le hubiesen preguntado a ella les hubiese explicado que no había nada interesante en ella; tenía tan poca vida como el disco irritante y no podía comerse. Pero a ellos parecía atraerles de un modo enfermizo. Semejaban toros en celo, pero, por fortuna, no llegaban a montar a la cosa. Lo único bueno de asunto era que, armaban tanto escándalo que aquella tarde las moscas apenas la importunaban mientras comía.

Finalmente unos hombres de verde se llevaron en uno de esos objetos apestosos que caminaban sobre piernas redondas el extraño disco. Los demás humanos fueron dispersándose dejando a Meg libre para campar nuevamente por su feudo.

Mientras contemplaba el solitario prado, solo pensaba « Estos humanos, son aún perores que esos estridentes seres que llaman ovejas»

1 comentarios:

Canario Negro dijo...

Ahí va el segundo micro que envié el Teseo. Un chistecito sencillo, pero al que tengo aprecio.