Kikirikiriiiiiiiiiiiiiiiiiiiii entonó el gallo de plástico antes de que una mano de largas uñas lacadas en negro lo agarrase por la cabeza y lo lanzase contra la pared más próxima.
Claire Dupree se levantó con el pelo revuelo y los ojos inyectados en sangre. Se sentó en la cama restregándose los ojos para intentar centrar la visión. Lo primero que captó fueron los tristes ojos del gallo mirándola con gesto herido; era el quinto despertador que dejaba hecho trizas en un mes.
Claire se encaminó al baño. En el espejo una extraña le devolvió la mirada, una mujer que compartía sus rasgos físicos pero semejaba mucho mayor que ella, a causa de los parpados hinchados, los ojos tristes enmarcados por ojeras negras como la pez y el pelo más erizado que el de Cruela De Vil y salpicado de canas prematuras.
Era el rostro de una mujer derrotada, el rostro del sueño. Últimamente tenía sueño a todas horas pero no lograba dormir. Bastaba con posar su cabeza en la almohada para que sus ojos se convirtiesen en dos luces de semáforo. Tenía sueño, pero no dormía. Lo había probado todo. El yoga le había valido un tirón de espalda que la tuvo convertida en una alcayata durante un mes. El tabaco dejar la cama sembrada de cenizas. Las pastillas la hacían dormir a lo sumo un par de horas, y la dejaban atontada durante el resto del día siguiente. El hachís le había reportado risas y más cenizas….y el Whiskey a pelo pasarse la noche con la cabeza dentro del inodoro.
El cabrón del destino parecía haber dedicado que Claire no pudiese volver a dormir. Pero ella estaba decidida a descansar a terminar con aquella maldita sensación de sueño que la acosaba día tras día, a darle una patada en el culo al destino. Esa noche dormiría de una forma u otra.
Desayuno un café tan cargado que la cucharilla se tenía sola en pie y tres Malboro. La ceniza de uno de ellos dejó una pequeña quemadura en sus pantalones, pero ella ni se dio cuenta, solo podía pensar en la noche. Fue al trabajo y, como una autómata, desempeñó sus tareas habituales con suficiente diligencia como para que su jefe no le reprendiese nada. De todas formas, aunque hubiese cometido la mayor de las torpezas y el hombre la hubiese despedido, a Claire no le habría importado; aquella noche iba a dormir y era lo único que contaba.
Regreso a casa con una sonrisa pintada en los labios, pensando en el descanso que iba a lograr, en cómo iba a coger las riendas de su destino.
Para la cena se regaló una botella de Clos Martinet y un entrecot de Buey de Kobe; la ocasión merecía tales estipendios. Tras ver por enésima vez Operazione Paura, se encaminó hacia la habitación. Desdeñó el pijama de ositos a favor del escueto negligé que reservaba para las ocasiones especiales.
Con paso resuelto se encaminó a la terraza. Pudo subirse con agilidad a lo alto de la barandilla de seguridad. Luego, simplemente, se dejó caer. ¡Por fin dejaría de tener sueño!

5 comentarios:
Nueva entrega de Escritura Automática. Ya sabe´si: tres palabras al azar y una hora, máximo ,de tiempo para escribir un relato.
Las palabras de esta vez: Sueño, destino, cenizas.
El relato lo perpetré en unos 35 minútines.
Pues está muy bien, sobre todo para haberlo escrito en tan poco tiempo. Yo creo que sería incapaz, la verdad.
Gracias ;)
a) eso no es escritura automática.
b) carece de ritmo.
c) es bastante mediocre.
saludos!
a) " Escritura Automática" es nombre con es el nombre de un taller literario en cuyo seno fue perpetrado este micro.
b) Es un producto planificado y tecleado en una media hora en base a unas palabras escogidas justo antes de ponernos a escribir. Lo raro seria que saliese un relato rítmico. Además , este , dada su temática, tampoco lo buscaba
c) si usted lo dice....
Publicar un comentario en la entrada