Erase una vez gallardo caballero que montaba un brioso semental rumbo a su destino. Si esta historia fuese un cuento, probablemente empezase así o de forma parecida, mas no lo es. El valiente que lea estas líneas será testigo de una de las hazañas más singulares de las que el mundo ha sido testigo. Os diré que, involucra a un caballero de fortuna, un temible dragón y una hermosa princesa. Mas mejor nada más digo, pues, por el camino, hacia nosotros avanza el caballero.
El gallardo cazador de monstruos cabalga altivo en su imponente montura: la yegua Leonora, terror de los mozos de cuadra de todo el orbe conocido, bajo el sol abrasador del mes de agoto. De su costado, pendía la espada mágica, al menos tal cosa le había garantizado el maestro espadero al que se la había comprado; claro que, las risas que se oyeron en la tienda tras salir el cazador del local, podrían invitar a pensar que el hombre se burlaba de él, si uno era mal pensado, claro está. Pero el cazador solo confía en los resultados y, hasta el momento presente, la espada nunca le ha fallado.
El cazador detiene su cabalgadura, ha llegado a su objetivo, la cueva del Dragón Llamaviva. Traga saliva. La primera parte de la misión parece sencilla: debe comprobar si la Princesa Gaudiosa se encuentra en la guarida del vil reptil, lo difícil vendrá después.
Guadiosa es la hija de Leovigildo rey de Gigia y está prometida al apuesto Ramiro, príncipe heredero de Carreñum. Gigia era un reino que se caracteriza por respetar y temer la magia a un tiempo. Así que, los ilustres ciudadanos que pueden permitírselo contratan a hacedores de sortilegios de todo tipo para que bendigan a sus retoños el día de su presentación al mundo.
El Rey en concreto se hizo con los servicios de ocho hermanas mágicas; al contrario que otros brujos y magos, nunca se habían puesto un nombre comercial, lo consideraban una banalidad. Unos las conocían como las Ocho Hermanas Brujas, otros como las Ocho Hechiceras y la señora Justina, su casera y vecina: Como las Malditas Viejas que se Ponen a Ensayar Risas Macabras a las Tres de la Madrugada Todas las Noches. Cada hermana había dado a Gaudiosa un don distinto, pero de eso hablaré más tarde; nuestro valiente cazador ya está a la entrada de la cueva de Llamaviva.
— ¿Quién va? – pregunta una voz tronante
— Pedro de Caravia, Caballero de fortuna y cazador de monstruos.
El Dragón asoma su imponente cabeza por la entrada de la cueva, sus verdes escamas relucen con el sol. A Pedro, la expresión del rostro del Dragón le recuerda a la suya propia tras haber consumido excesiva aguamiel.
— Y, ¿qué deseáis de mi, Pedro de Caravia?
— Me envía el Príncipe Ramiro, prometido de la bella Guadiosa. Según creo ella se halla bajo vuestro poder.
— Loado sea el cielo— en los ojos de Llamaviva , brilla un destello de esperanza- pasad.
El cazador desenfunda su espada y se adentra en la cueva del Dragón. «A fe mía que este es el encargo más extraño de mi vida, de esta me retiro definitivamente y monto la granja» piensa.
Lo primero que observa de la princesa es que es realmente hermosa, de una belleza perfecta; la bendición de la primera de las hermanas era: Será la mujer más hermosa que los ojos de un mortal habrán contemplado jamás. La oye hablar, mas la distancia le impide comprender sus palabras; el tono de la voz de la princesa recuerda al melodioso trinar de los pajarillos. Era la bendición de la tercera hermana (el arpa como un ángel tocarás, y melodiosa, la voz tendrás); la segunda le había otorgado una vivida inteligencia. Otra hermana, más materialista, le había otorgado el don de la riqueza eterna.
El caballero está ya a la altura de la princesa, de cerca gana en hermosura y su voz es aún más armónica. Semeja estar atareada ordenando el tesoro del Dragón. La princesa parece no haberlo visto, abre su dulce boquita para decir algo. Entonces, Pedro comprende la justicia de su misión.
— Si es que todos los Dragones sois un desastre. Donde se ha visto que tengan mezclados los anillos con las diademas. Y, este collar— dice sosteniendo una recargada gargantilla en la mano— no sé como recate de qué te lo darían, pero te aseguro que es falso. Si no sabré yo distinguir los esmeraldas de burdos cristales como estos.
Era el don de la octava hermana. Veréis. De tanto grito nocturno, la mujer había terminado por quedarse sorda como una tapia; en lugar de otorgar bendiciones había entendido otorgar maldiciones. Fue la última en actuar. Ante los aterrados ojos de los Reyes clamó: Del Mundo, la más irritante mujer serás. El hechizo no podía ser desecho pues, la ventaja de las bendiciones bautismales era que no tenían vuelta atrás. Y así se quedó la princesa: hermosa, talentosa, inteligente….e insoportable.
Pedro mira con conmiseración al Dragón que tras él se halla y luego fija su vista en la Princesa, Ésta sigue parloteando sin dar señales de haber visto al cazador. El Caballero enarbola con las dos manos su espada, como siempre, besa la hoja antes de dar el golpe mortal. La espada traza en el aire una trayectoria diagonal perfecta; el cuello de la princesa cede, ante el ímpetu de la hoja, como la mantequilla blanda. La cabeza planea en el aire hasta caer sobre la tierra blanda y húmeda.
Llamaviva suspira agradecido.
— Pedro de Caravia, os debo mi cordura. Tomad de mi tesoro aquello que más os plazca.
— No me debéis prenda alguna Ilustre Llamaviva— contesta el cazador mientras coge la fina diadema de brillantes de la cabeza cercenada– solo cumplo las ordenes del Príncipe Ramiro.
— Aún así insisto— replica el dragón al punto que coge un puñado de sortijas y collares del tesoro. — coged estas minucias, ni todo el oro del mundo podría pagar el aguantar a esa irritante criatura más de unos minutos.
El caballero acepta los regalos del dragón. El oro de Llamaviva unido a la sustanciosa recompensa del Príncipe Ramiro le permitirá por fin retirarse y montar la granja. Coge el tesoro y se encamina, diadema en mano, hacia Leonora.
— ¿No os lleváis el cadáver? — pregunta el dragón
— No. Mis órdenes eran llevar la diadema como prueba de su muerte. Podéis dar cuenta del cuerpo como más lo deseéis.
martes 12 de mayo de 2009
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3 comentarios:
os dejo con la primera parte de una parodia bastante loca de las historias típicas de princesas , dragones y valientes caballeros.
Bueno, pues parece que he sido el primer valiente y tengo una pregunta ¿De donde demonios has sacado los nombres de los reinos? :P
De cierta región del norte de España que igual te suena p: , lo mismo es esos nombres tan potitos de los personajes. .....
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