Ficha Técnica
Dirección: Riccardo Freda. Productor: José Gutiérrez Maesso para Produzioni Internazionali Associate, Tecisa. Guión: Mario Bianchi, José Gutierrez Maesso, Leonardo Martín. Fotografía: Francisco Fraile. Música: Stelvio Cipriani. Montaje: Jolanda Benvenuti. Efectos especiales: Carlo Rambaldi. Intérpretes: Camille Keaton (Jane), Tony Isbert ( Bill), Máximo Valverde (Joe), Giovanni Petrucci (Fred), Luigi Pistilli (Lord Alexander), Luciana Paluzzi (Lady Alexander), José Calvo (gasolinero), Irina Demick (madre de Bill), Paul Muller (doctor), Beni Deus (Ferguson), Milo Quesada, Alejandro de Enciso, Elsa Zabala, Pablo García, David Thomson… Nacionalidad y año: España Italia 1972. Duración y datos técnicos: 82/87 min. color 1:85:1.
Comentario
Trágica ceremonia en Villa Alexander / Estratto dagli archivi segreti della polizia di una capitale europea (1972) era hasta hace poco tiempo una obra especialmente esquiva de visionar (si no directamente imposible de ver), pese a ser una coproducción de dos países en los que el cine de género vivía buenos momentos (España e Italia) y estar dirigida por uno de los pilares del cine italiano: Riccardo Freda (que firma como Robert Hampton). La película fue estrenada en los cines de tapadillo y prácticamente habría que esperar a la edición que la distribuidora española hizo de esta obra en DVD para poder disfrutar de ella.
El porqué de esta ignorancia podemos buscarlo en que se trataba de una obra de escaso presupuesto dirigida por un Freda en horas bajas en cuanto a lo que a fama se refiere (1) —de hecho no volvería a la dirección hasta casi una década más tarde, cuando realizó en 1980 Murder Obsession (Follia omicida)—, pero tampoco podemos eludir el hecho de que se trataba de una obra difícilmente clasificable y con un marcado tono onírico que no la hace accesible a todos los paladares. Esta última cualidad se acentúa aún más en la versión española de la misma (pues contó con un montaje diferente por país coproductor), que elude dos pasajes, presentes en la versión italiana, que hacen más aprehensible la historia y le dan algo más de coherencia. Fuese por la razón que fuese, la película resultó imposible de ver durante años y terminó por adquirir cierto estatus de culto entre aficionados y críticos deseosos de poder echarle un ojo a la elusiva obra.
¿Mereció la pena la espera? Hasta cierto punto sí. Trágica ceremonia en Villa Alexander no es ni de lejos la mejor obra de Freda; ni siquiera probablemente de las diez mejores del fantástico italiano de aquel año, pero, en cambio, es una obra que aporta frescura y originalidad sobre elementos que ya empezaban a estar bastante explotados, como el cine de ambientación satánica bien combinado con un terror de decorado más juvenil de lo común en el terror transalpino.
Por desgracia, ese afán de ofrecer algo medianamente diferente no se ve acompañado ni por un reparto adecuado ni por un guión del todo matizado (defecto este amplificado en la versión española del mismo). La falta de actores de verdadero nivel puede considerarse, hasta cierto punto, un mal endémico de una parte del cine de género; el problema estriba en que ésta es una película “de actores” en buena parte de su metraje (la primera y la tercera parte), dado que el eje de la misma es la historia de cuatro personas relativamente normales (cuatro jóvenes) que por un adverso azar del destino se ven inmersos en una pesadilla. La (sobre)abundancia de primeros planos de los rostros de los intérpretes en eras de mostrarnos sus reacciones en nada ayuda a solventar la frialdad y falta de expresividad de los mismos en la mayoría de ellos, y deja relativamente claro el peso que el temperamento de los personajes debiera haber tenido en la historia. Esto redunda de manera negativa en la primera parte de la película, donde se nos presentan los protagonistas y sus relaciones interpersonales, amén de esbozar algún elemento inquietante, que puede hacer antojar al espectador el resultado algo moroso y superfluo, al no lograr que los cuatro caracteres principales se delimiten con suficiente fuerza y nitidez. Menos beneficiado aún resulta el último tercio de la película que, ya lastrado por un desarrollo algo apresurado, se hubiese beneficiado por unas interpretaciones de mayor fuerza, especialmente por parte de Camille Keaton, en exceso fría incluso con la explicación final del misterio que podría justificar en parte su interpretación.
Donde estriban los mayores valores de la película que convierten a Trágica ceremonia en Villa Alexander en una obra recomendable para el aficionado al género, sin duda es en los momentos de la misma que trascurren en la villa a la que se alude en el título hispano. Es en estos momentos donde vemos un Freda en plena forma, atmosférico y capaz de dosificar el suspense con un pulso más que notable y un sentido del grand guignol que ayuda a mitigar la evidente falta de presupuesto con que hubo de ser rodada la escena de la ceremonia satánica. También merece la pena reseñar el uso que hace el director de la música, al emplear durante todo el metraje variaciones sobre un mismo tema, “La vita”, compuesto por el propio Freda en colaboración con Stelvio Cipriani. La canción suena (cantada durante los títulos de crédito, interpretada por Ernesto Brancucci); parte de ella irá siendo tocada por uno de los personajes protagonistas que es músico aficionado (guitarra en mano) y, al órgano, configurará la banda sonora que ambientará la ya mencionada ceremonia. Este uso de la música no solo acentúa de algún modo la sensación de pesadilla, sino que podría engrosar el capítulo de los pequeños detalles sugerentes, inexplicables, que van salpicando la historia, y aunque no son siempre del todo explotados, ayudan a mantener el interés del espectador.
Aunque solo sea por estas últimas virtudes, merece la pena acercarse a esta rareza, con más potencial que verdaderos resultados.


