miércoles, 20 de marzo de 2013

Relato: A cuatro manos


A Cuatro Manos


Finjo atarearme en el ordenador, mientras espero a que la profesora me remita las correcciones de mi último microrrelato o, en su defecto, un correo plagado de exabruptos. Eso, si no decide echarme un rapapolvo delante de toda la clase. No, soy injusta, Raquel no es así; le duele humillar a la gente, por eso limita sus correcciones al ámbito privado.
Además, no me puede negar que me he ceñido al tema propuesto: «metatexual». Qué le voy a hacer si mi musa es ese pozo de lujuria que se oculta bajo sus ropas severas, si cuando aporreo el teclado acaricio su cuerpo y en la pantalla veo sus labios esperando mi beso. Así, claro, sale lo que sale...


Epopeya
Versos lascivos brotan de tus labios mientras saboreo tus pezones erectos. A media que mi lengua desciende por tu torso, se unen, pícaros, formando coplas procaces, hasta que a medio camino, como buena narradora omnisciente, me obligas a detenerme; innovas con la narrativa y haces una acotación teatral, depositando en mis manos un rotulador. Yo lo miro como si fuese un experimento dadaísta hasta que tú me espabilas, en una lección magistral de uso los vulgarismos, cuando me gritas «¡Métemelo de una puta vez!» Obedezco y alabas mi pericia, intercalando onomatopeyas obscenas entre tus gemidos de placer. Con tu clímax, me haces recordar que la exageración también es un recurso literario. Cuando recuperas el resuello, me susurras nuevas tareas «Autobiografía pornográfica, a cuatro manos.»


Un suicidio en poco más de cien palabras. Porque, como todos, al hacer la matricula firmé un compromiso en el que aceptaba dejar las hormonas fuera del aula. Al parecer, otros años esto ya era una bacanal romana a medio curso para devenir, en los últimos compases, en un culebrón de sobremesa con intentos de estrangulamiento incluidos. Por eso, acabaron por meter la clausulita de castidad de las narices: nada de líos entre alumnos y, por supuesto, nada de insinuaciones lascivas a la profesora.
Cuando me llega la respuesta de Raquel, el corazón me da un vuelco. Pese a mis negras expectativas, no es un rapapolvo, tampoco una corrección. Es otro relato.
Princesa
Nunca quiso ser la princesa del cuento ni ser cortejada por un gallardo caballero, matador de dragones. Lo que Bianca deseaba era que alguien colocase a sus pies el Fruto Prohibido.
Hoy, el foso de su castillo rebosa príncipes azules, mientras ella contempla hastiada un zapatero lleno de escamas.
Es críptico el muy jodido, pero que me ahorquen si no me está provocando. Busco su mirada. Aún está con correcciones y sus dedos juguetean con un bolígrafo. Al saberse observada, detiene el volteo y, con exquisita discreción, lame el trasero del rotulador con la punta de su lengua. Luego, tiene la osadía de guiñarme un ojo. Siento que el calor se adueña de mi ser, debo parecer más sofocada que una menopáusica en una sauna. Tengo que contenerme, por mucho que lo desee no puedo lanzarla sobre la mesa en plena clase y empezar a arrancarle la ropa a mordiscos. Estos muermos nos joderían la función antes de haberla empezado. Tampoco es buen momento para empezar a meterme mano. Seguro que la lameculos de la Maripuri, mi vecina de mesa, se daría cuenta de lo que estoy haciendo y le daría el soplo a Raquel, al director del centro y hasta lo publicaría en el periódico local si se le pone a tiro. No. Tengo que contenerme. Y no se me ocurre mejor forma de tener las manos entretenidas que pergeñar una respuesta al micro de Raquel.
Madrastra
Blancanieves dejó al Príncipe Azul discutiendo con Siete Enanitos y regresó al castillo. Allí, demostró a su madrastra que había partes de su cuerpo más sabrosas que corazón alguno.
Y, colorín colorado, el Espejo Mágico se ha sonrojado.
Es un poco bruto, pero nunca puedo resistirme ante una perversión de un cuento popular. Por desgracia, antes de que Raquel pueda leer el micro, retoma su lección.
Como de costumbre, me abstraigo de sus explicaciones. Ahora mismo, poco me importan los efectos que el exceso de adverbios acabados en mente tiene sobre la mente del lector. Su lenguaje corporal es mucho más interesante. Más aún hoy. Si tenía alguna duda sobre la razón de la ausencia de respuesta a mi correo, su actitud la evapora. Durante toda la disertación, emite señales que solo yo sé interpretar y que ponen a prueba mi autocontrol, sobre todo ese modo de acariciar el rotulador más que sostenerlo… No puedo dejar de imaginar que, en lugar del rotulador, son mis pechos lo que esos dedos acarician, que mis pezones erectos son ese tapón rojo pasión que ella está ahora recorriendo con la yema del pulgar. Estoy a cien. Si no llevase un sujetador con relleno, creo que ahora mismo mis pezones estarían pugnado por agujerar la tela de la camiseta. No sé cómo estoy logrando contener las ganas de arrojarla sobre su mesa y empezar aquí la representación de mi humilde Epopeya. Pero lo hago. Me siento heroica, y pienso cobrarme mi premio cuando salgamos de aquí.
Creo que ni Herakles pasó por una prueba tan dura como la que hoy he superado. Ya suena la trompeta (sí los organizadores del curso son así de originales) que anuncia el fin de la clase. Y el de mi dulce agonía... No es solo que ya no tenga que contenerme, es que Raquel ha tenido tiempo de teclear una apresurada respuesta.
Ya de adulta, Alicia dejó de perseguir conejitos blancos; solo la estela de un venado llevaba al verdadero País de las Maravillas.
Parece que mi periplo heroico no ha terminado, pero hermoso es el premio que lograré al salir victoriosa de semejante lid. Le hago un gesto discreto de comprensión. Después, me apresuro a cumplir con las tareas encomendadas.
Hoy es mi día de suerte. Tenía duda sobre qué variedad del fruto prohibido comprar y en la tienda tienen una pequeña remesa de García Sol. Su exterior es una alegoría pasional, su interior rebosa erótico jugo. Al pagar, me ruborizo cuando el frutero me pregunta si hace mucho calor en la calle. Pertrechada con mi fruta prohibida, me adentro en una parte menos concurrida del barrio. Nadie confiesa acercarse por la zona, pero todo el mundo la conoce, sobre todo cierta calle decorada con azulejos con motivos de caza: escopeteros y animalillos cornudos. Ni idea de si son venados o bambis, la verdad. Solo sé que es la estela que he de seguir para llegar al único País de las Maravillas que tenemos por estos lares.
Pese a su nombre, la fachada del local más parece sacada de una película posapolíptica. Pintura desconchada, un toldo que ya ni se acuerda de cuándo fue rojo, un cartel de neón con luces fundidas que parece vender « l Pa s d la Mar vi as». Espero que lo de dentro esté algo mejor.
Acciono la manilla y, en cuanto doy un primer paso en el interior de ese antro de perdición, un aroma tan sensual como exótico me embriaga. La música suena suave, envolvente y la luz tamizada crea una sensación mágica. Más que en el País de las Maravillas, tengo la impresión de estar en un escenario a lo Mil y una noches. Por unos segundos, me olvido de Raquel y siento deseos de perderme entre la multitud de explorar ese universo sensual que se esconde bajo la decrépita fachada de un club de alterne de barrio. Pero, antes de que dé un paso, me intercepta el Hada Madrina o, más bien,su hermana, la reina del sadomaso. Tiene alitas y una varita con estrellita incluida, pero las alas están pegadas a los tirantes de un sujetador que no tiene dónde poner otro remache metálico, y la varita decora el mango de una fusta. Una falda-cinturón de cuero y unas botas hasta la rodilla rematan su atuendo.
—¿Eres Alicia? —me ruge.
Por unos segundos me siento confusa y con ganas de salir corriendo. Pero, al final, asiento. «Alicia» no es mi nombre, pero supongo que Raquel se toma muy en serio esto del guiño a los cuentos populares.
—Bianca me dijo que te acompañase hasta su castillo. Sígueme —ladra, autoritaria.
Obediente la sigo, mientras empiezo a preguntarme si Raquel tendrá por costumbre hacer estas pantominas. El Hada Sadomaso no parecía muy sorprendida por el teatrillo del que le ha tocado formar parte. Finalmente, me deposita a la puerta del castillo, la habitación 69 de ese mundo perverso. Ahora entiendo por qué Raquel siempre sonríe de un modo tan peculiar cuando nos dice que, a veces, es bueno recurrir a los tópicos.
Mi enérgica guía me da un sobre antes de despedirse. Lo abro para encontrarme una nota muy escueta, y casi tan mandona como el Hada de los Látigos.
Deja la fruta sobre la cama y desnúdate. Luego, escribe. Si te tocas, estás suspendida.
Raquel esta en la cama, desnuda, su espalda se apoya contra el cabecero de forja. En la mano izquierda, sostiene una versión hiperbólica del rotulador y sus piernas están abiertas en una posición nada sutil. Coge una manzana de la bolsa que he dejado sus pies.
Como buena alumna, me afano en cumplir el resto de instrucciones, agradeciendo líbrame de la ropa sudada.
Mi mesa está justo enfrente del lecho; primera línea de lujuria. ¡Bendito sea al tacto frío de la silla bajo mis nalgas! Creo que ha bajado mi temperatura corporal un par de grados. No sé cómo no ha salido humo y todo. En fin, mejor me concentro en Raquel y en el teclado. Sobre todo en el teclado, no quiero suspender este examen en particular. Y no es que la maestra me lo esté poniendo fácil. Raquel devora la manzana a pequeños mordiscos, dejando que la punta de su lengua se escape en ocasiones de su boca y lama con lascivia las zonas mordidas, como si me estuviese diciendo: «Estas podrían ser tus tetas». Su otra mano no se está quieta, ni mucho menos, se ha metido el falso rotulador en lo que los cursis llamarían su «pozo de placeres» y ahora lo mueve con tanto frenesí que temo que la pobre acabe con ampollas por culpa de la fricción.
El movimiento del juguetito es ya tan frénetico que Raquel apenas puede tentarme con la manzana, sus labios están demasiado ocupados frunciéndose para contener unos gemidos que no me tentarían más si fuesen audibles.
Me paso la mano por el cuello, cubierto de sudor, por unos segundos, siento el impulso de dejarla bajar por mi torso, de acariciar mis senos y estrujar unos pezones ya dolorosamente erectos. Concluida la escalada, atravesaría el desierto de mi vientre para adentrarme entre la maleza en busca de terrenos pantanosos... Y aliviar de este modo el calor que me invade... Inundar una silla que ya está sensiblemente húmeda... ¡No! ¡No puedo hacer eso! Debo escribir. Aporreo el teclado casi al azar. Vomito sobre él mis fantasías, en un baile de erratas que no sería capaz de solucionar ni el Corrector de Hamelin.
Por fortuna, los dioses se apiadan de mí en el momento adecuado. Raquel exhala un complacido suspiro de placer en el mismo instante en que mis dos manos abandonan el teclado. ¡Ha estado cerca!
A una orden suya, le paso el ordenador. Entre febril y atemorizada, la veo leer el delirio que he perpetrado. Finalmente, deja el portátil a un lado y, tras mirarme con un gesto severo que me hace temer lo peor, me susurra.
—Autobiografía pornográfica a cuatro manos.
Creo que es la primera vez que alguien cita un escrito mio. Casi me pone tan a cien como la propia Raquel
Siguiendo mis dictados, me siento a horcajadas sobre ella y le robo la manzana. Mientras reto a mi profesora con la mirada, doy un buen mordisco al fruto prohibido. Ahora la pelota está su tejado. Que me demuestre si es o no buena lectora. Lo es. Fiel al primer párrafo, Raquel sumerge el todavía húmedo rotulador entre los pliegues de mi sexo. Me muerdo el labio interior para contener un gemido de dolor. Eso no estaba en el guión, pero el juguetito es más ancho de lo que esperaba, y Raquel lo está sumergiendo en latitudes inexploradas. Espero que no se encuentre allí al Demonio de las Profundidades o algo así. De momento, se está limitando a descubrir al monstruito perverso que duerme en mi interior. Mi cuerpo se está electrizando de un modo que jamás había creído posible —y no es que antes fuese una mojigata—, mientras el aparatito se mueve en mi interior a un ritmo endiablado. Su anchura me provoca pinchados de placentero dolor que aún se hacen más intensos a medida que su osadía exploradora la hace avanzar hacia territorios más profundos.
Quiero gemir, gritar como una perra en celo. Deseo decirle que no pare, que vaya más allá, que me lo meta hasta que me salga por la boca. Pero no puedo. A la cabrona de mi musa le pareció buena idea susurrarme que yo debería permanecer muda en este punto de la función. Así la escena tendría más morbo. ¡Jodida cabrona fumadora de ficus! Por lo menos me dio margen para improvisar. Solo me hizo escribir: Nada de hablar o emitir ruiditos complacidos. Suerte que aún tengo la manzana en la mano. Empiezo a engullirla compulsivamente, tratando de seguir el ritmo del osado cilindro explorador; un río de jugo se convierte en cascadas a la altura de mis pezones. Fiel al cuarto párrafo, Raquel las intercepta y las explora hasta llegar a sus fuentes. Su lengua se pasea, provocadora, a lo largo mis labios.
Ante esa caricia ya no puedo aguantar más, y me derramo, evitando así que el rotulador se incendie en mi interior.
Raquel me mira con su mejor gesto inescrutable.
—¿Autobiografía pornográfica a cuatro manos? —pregunto con timidez.
—Toda una jodida serie —me contesta, segundos antes de meterme la lengua en la oreja. 

martes, 30 de octubre de 2012

Más lectura halloweenesca gratuíta

No, no habéis caído en un bucle temporal.  Otros dos proyectos relacionados con Halloween, y que cuentan con mi colaboración, han sido publicados y se merecen sus 15 minutos de gloria.

La primera de estas antologías, es la resultante del taller de relatos pulp Halloween Tales, organizado por la web relatos pulp. Es un producto muy diferente a la mayoría de proyectos en los que he participado hasta ahora (salvo Perversiones), pues es el resultado de un esfuerzo colaborativo. Más allá del propio taller, en el que he aprendido mucho como lectora pulp y autora (además de atreverme con un relato de un tono distinto a lo que suelo escribir), los autores hemos podido dar ideas también de cara a dar forma al producto final e incluso en el orden de los relatos. (Si os pasáis por el foro de la web podréis ver todo ese proceso de elaboración), hasta crear una criatura conjunta que sirve de homenaje a las viejas revistas pulp, a los seriales radiofónicos y literarios ( no os perdáis La invasión de los Calabazoides) y el cine de terror ochentero (Pumpink ice cream). Una antología en la que se percibe, creo yo, lo mucho que hemos disfrutado los implicados en el proyecto, no solo por el amor al género que se aprecia en los relatos, sino por el buen ambiente en el que se desarrolló toda la fase de taller. Entendiendo ese " buen ambiente" no como una acumulación de loas, sino como un escenario en el que poder recibir y dar opiniones, no siempre cien por cien positivas, pero en todo momento constructivas. Mi propio relato mejoró en multitud de aspectos gracias  los fallos señalados por los compañeros de proyecto.

El relato con el que participo se titula Calabazas para los muertos y le toca cerrar antología. La razón, al contrario que el resto de narraciones, mi historia está situada en una suerte de realidad alternativa donde no ha llegado a arraigar Halloween tal y como lo conocemos.
La historia, además, sirve de presentación del personaje protagonista de la novela pulp que tengo entre manos ( y que se sitúa en un momento temporal anterior al relato, aunque este es totalmente independiente de la misma) y un acercamiento al pulp más clásico, frente al que cultivo en historias como mis relatos ambientados en Dodge City. Así que toda opinión será bienvenida (incluidos los tomatazos).

Os podéis descargar la antología en pdf e epub en el enlace.

http://www.relatospulp.com/publicaciones/serie-neo/207-halloween-tales-2012-ebook-gratuito.html



El segundo proyecto, supone mi debut oficial como autora de Action Tales . Es la antología más cortita de todas en las que participo este pintoresco final de octubre, pero no por ello deja de ser sustanciosa y aterradoramente disfrutable.

Si seguís el enlace, podéis leer los relatos.

http://dreamers.com/actiontales/halloween.htm

El producto de mi  "incontinencia palabrera" se titula  El Legado Karnstein y, escribirlo, supuso un placer por partida triple: Colaborar con AT, realizar ese homenaje tantas veces pensado y jamás terminado de escribir a una de mis novelas favoritas, Carmilla, y experimentar con una narrativa diferente a la que practico otras veces, buscando (si lo he conseguido o no tendréis que decidirlo vosotros) un estilo vocacionalmente más palomitero, más contundente y visual y huyendo de lo recargado en la narrativa, amén de desbrozar la historia de complejidades innecesarias. Como ya digo, eso es lo que buscaba, del resultado, solo pueden hablar los lectores. Aunque espero que os guste mi relato ( los de mis compis de proyecto estoy segura de que os molarán)

y sin más, dejo el teclado calladito, hasta que me toque otra vez daros la tabarra.


lunes, 29 de octubre de 2012

Ya estaaaaaaaan aquiiiiiiii

16 diablillos para la noche de Halloween, nacidos en el seno del mismo Paraiso. 16 diablillos apadrinados por otros tantos autores. 16 diablillos que encogerán vuestros corazones.

Las trompetas la señal han tocado, 666 ya ha sido publicado.

El camino al Infierno os invito a recorrer. No está adoquinado con buenas intenciones, sino con palabras. No es necesario que os sumerjáis en las entrañas de la Tierra, con dos golpes de "clic" podréis iniciar vuestro periplo.

Disfrutad con nuestros diablos. Estoy segura de que ellos disfrutarán con vosotros, estimados lectores.

http://www.paraiso4.com/index.php?option=com_content&view=article&id=348:ii-especial-halloween-paraiso4-666&catid=15:noticias

miércoles, 24 de octubre de 2012

Diablillos frescos para la noche de Halloween.

Ha querido ese humorista llamado Destino que este mes varios relatos míos formen parte de un grupito tan variopinto como jugoso de especiales vinculados con la noche de Halloween. El primero que os puedo anunciar es 666 , una antología auspiciada por la excelente web literaria Paraiso 4 ( podéis acceder a través del banner de la columna lateral, si es que he conseguido que carrule), cuyos integrantes me concedieron el honor de formar parte de este jugoso proyecto terrorífico. Pero terrorífico de verdad. Aquí no encontraréis vampiros gusiluz ni hombres lobo vegetarianos, tampoco diablillos bailando la conga. 666 son 16 demonios, creados por otros tantos autores que poblarán más de 200 páginas de puro terror; 16 diablos que atenazarán vuestros corazones,os harán abrir la puerta de la nevera porque todas las luces de la casa no darán suficiente luz para calmar vuestro pánico y vaciar vuestras reservas secretas de agua bendita....

Porque dejar de leer será una opción que no llegaréis a valorar, pues ya seréis víctimas del influjo hipnótico de nuestros demonios.

¿Qué hay de mi relato? Os estaréis preguntando algunos. Voy a ser mala y no dar pistas sobre el enfoque que le he dado a mi historia, solo diré que tal vez contenga alguno de las escenas más cafres que jamás hayan salido de mi teclado.

Sin más, os dejo con la nota de prensa. El día 29 os traeré en enlace a la antología.




Título: II Especial de Halloween Paraíso4: 666
Autores: Varios.
Año de publicación: 2012
Género: Relatos, Terror.
Páginas: 222 (estimación)
Fecha de lanzamiento: 29 octubre 2012
Contacto: paraisocuatro@gmail.com
Compilación y maquetación: Equipo técnico www.paraiso4.com
Diseño de portada: Alejandro León
Distribución: Descarga gratuita, bajo licencia Creative Common Reconocimiento -
NoComercial - SinObraDerivada (by-nc-nd): No se permite un uso comercial de la obra
original ni la generación de obras derivadas.
Formatos disponibles: pdf, epub, mobi.
Sinopsis:
Mi nombre es legión, porque somos muchos.
En concreto, somos dieciséis autores los convocados en www.paraiso4.com por el
influjo del día de difuntos. Os llevaremos de paseo por nuestros infiernos, como si de
visita guiada se tratara, a través de historias de muchachos poseídos, misas negras,
maldiciones, exorcismos... y todos los demonios que podáis soportar a lo largo de
doscientas intensas páginas de terror marca de esta casa: en estado puro.



¿Y por qué nos metemos en www.paraiso4.com en estos berenjenales?
Porque creemos que debe existir una oferta cultural libre y gratuita al alcance de todo el
mundo, variada y de calidad, sin necesidad de recurrir a las descargas ilegales.
Porque creemos que el hecho de ofrecer un producto gratis no debe implicar
renunciar a la calidad total de contenidos y formato. Los libros electrónicos se deben
ofrecer al consumidor pensados para ofrecer la mejor experiencia lectora.
Porque renunciamos al tópico de que en el mundo de la literatura se imponen los
intereses sectarios, económicos, la envidia y las puñaladas. Queremos compartir nuestra
andadura en este mundillo con amigos y compañeros a los que admiramos y con los que
queremos crear lazos estables de afecto y apoyo mutuo.
Revindicamos el entusiasmo. Apostamos por la pasión. Por eso estamos aquí.
Porque somos Paraíso4 y nosotros somos así.






miércoles, 26 de septiembre de 2012

Relato: La boda perfecta

Salgo de mi retiro bloggero, para dejaros con un relato antiguo que también colgué hace tiempo en el Wattpad. Es uno de los que yo llamo " mis relatos oníricos" ( otros son Animadoras Robadas y Bendiciones Natales). Historias surgidas en una noche de insomnio a la que la musa le da por hacer el cabra y susurrarme una historia completa ( y sin pies ni cabeza XD) en mi oído. Estas historias tienen también el don, o la maldición, de ser indelebles y una no tiene más remedio que escribirlas para poder hacer uso de la neurona que le queda xd.

El relato ya es antiguo, tiene unos tres años, pero resulta más potable que otras cosas de esa época. De todas formas, dudo que fuese capaz de atreverme a colgarlo por aquí de no ser porque esta tarde he echado una ojeada a las estadísticas del blog y he descubierto que alguien ha llegado a aquí buscando un blog de bodas. Ya que lo piden, demosles un puñado de consejos para organizar La boda perfecta.


La Boda Perfecta




María Fernanda de los Páramos Castellanos recorrió con una mirada triunfante el interior la catedral. La suya sí que sería la boda perfecta. La petulante de su prima Secundina ya no podría presumir de haber tenido el enlace más in de todos los primos.
Para empezar, la Secun se casó en una simple iglesia y no en la Almudena.
Y no había sido fácil, Pedro y ella tenían la tradición de su contra, en concreto los padrinos. No sabían quién era más temible, si el padre de ella con sus chistes verdes pasados de moda, o la madre de él, en exceso aficionada al Agua del Carmen. Si hasta había acudido alguna boda con una maceta en la cabeza, en vez de tocado. Todo se solucionó dando un puntapié en el trasero a la tradición. Raquel y Tomás, sus mejores amigos, seguirían todos los protocolos establecidos con dignidad. Además, pensó, lucen tan ideales en sus trajes. Aunque no tanto como Pedro y ella. Por algo las malas lenguas los llamaban «Ken y Barbie Salamanca», cosa que se tomaban como un elogio.
Se atusó el vestido (moderno y elegante, nada que ver con el vulgar monumento a la pedrería de Secundina) para que luciese en todo su esplendor.
El reflejo del flash la hizo acordarse de otro elemento que haría única su boda: Alicia, laureada exreportera de guerra, que le había dado una alegría al acudir en traje, no en vaqueros, tal y como la madre de María Fernanda se temía. Sí, por una vez, no podía reprocharle tener una amiga roja.
En lo que solo podía igualar a su prima, era en el cura, el primo Ricardito, estrella de las bodas de postín, había prometido a su madre oficiar los enlaces de todos sus primos.
—Queridos hermanos —empezó el cura.
—¡Aquí no se casa ni Dios! Ese cura es mío —tronó una voz femenina en el pasillo.
Un escalofrío recorrió su columna a la velocidad de un Ferrari mientras escrutaba, junto con otros cuatrocientos ojos, a aquella chalada terrorista nupcial. Tenía que ser una desconocida. Nadie de su entorno vestiría zapatos de plataforma de imitación de serpiente, combinados una falda de cuero, modelo «cinturón ancho», y camiseta de leopardo. Esta, además, resaltaba un busto capaz de derretir los casquetes polares.
Su mirada se elevó hasta el rostro de la mujer. ¡Imposible! ¡Sor Pía!
—¡Piadosa! ¡Hija mía! ¿Qué te han hecho? —exclamó su madre, antes de caerse patas arriba.
Los invitados circundantes procedieron a intentar reanimarla, ante la mirada indiferente de su hija que centraba su atención en Ricardo. A su vez, el cura contemplaba a la joven con un gesto a medio camino entre la diversión y la sorpresa.
—Richard —el anglicismo provocó un suspiro de los más rancios invitados—, no pienso consentir que te sigas vendiendo como una puta para contentar a la beata de tu madre.
Al oír aquello, la aludida intentó abalanzarse sobre Piadosa cual pantera hambrienta. Por fortuna, uno de los compañeros de banco soltó una hábil zancadilla y la mujer se desplomó entre los bancos, haciendo temblar las vidrieras. Mientras tanto, las petacas viajaban de mano en mano para calmar a varios invitados aquejados de ataques de ansiedad.
—Podías haber esperado a que terminase la boda, Pia.
Sintió que Raquel le apretaba el hombro. Como si no estuvieses disfrutando, zorra.
—Es que para las cinco no les quedaban billetes. Tenía que ser a la una o ya mañana. Y no me pienso arriesgar a que te rajes.
—Al menos, podías haberte puesto algo menos hortera.
—Fue lo único que pude conseguir, me los pasó la nueva novicia —Su expresión se endureció —¿No te estarás rajando?
—No, cari, pero es que no está bien que deje la boda a medias. No da buena imagen de mí.
Pedro le lanzó una mirada de sorpresa. No era para menos, pensó María Fernanda.
—Richard, cielo, esta panda de rancios iba a dejar de dirigirnos la palabra en cuanto se enterasen de que abrimos una librería friki. —La madre de la joven decidió volver a desmayarse.
—Ricardo, quieres explicar qué coño pasa —saltó su padre, que nunca blasfemaba.
María Fernanda vio con horror cómo el cura se despojaba de sus sagradas vestiduras y se quedaba con una camiseta que afirmaba que se acercaba el invierno.
¡Si estaban en julio!
—Papa, Mama. Me marcho a vivir mi vida. Hace años que dejé de creer en Dios para venerar a Pratchet. Además —añadió, enlazando a Piadosa por la cintura—, creo que el matrimonio es una institución sin futuro. Sobre todo éste —susurró, justo al llegar a la altura de los novios.
Los dos atravesaron raudos el pasillo ante la mirada sorprendida de los asistentes que no sabían si arrestar a los boicoteadores, o atender a sus víctimas colaterales. Decididas a hacer lo primero, las petacas salvadoras seguían acaparando el espacio aéreo. Para mayor agravio, el sufrimiento estaba siendo inmortalizado por la cámara de una regocijada Alicia.
Es lo malo de las amigas rojas, carecen de decoro.
—¿A qué vendría lo de que vuestro matrimonio no tiene futuro? —preguntó Raquel con falsa preocupación.
María Fernanda no supo qué contestar, prefería pensar que no había oído aquellas palabras.
Tenía que haber sido la boda perfecta.
—Esto… —empezó Pedro— Marifé, hay una cosa que quería contarte, pero como andabas con todos los preparativos de la boda.... No quería molestarte. —Tomó aliento—. He conocido a otra —afirmó, causando otra oleada de murmullos y desmayos.
—¿Qué?— rugió con la fuerza de un león adulto
—Yo… —Cambió el peso de su cuerpo de un pie a otro—. Hace cinco meses que tengo un lío con tu tía Clarisa.
—¿Qué? —María Fernanda incapaz de decir otra cosa.
¡Con mi tía la hippy!, pensaba con desmayo, mientras el corazón amenazaba con salirse de su pecho.
Siempre oportuna, su ya exaspirante a suegra, aprovechó el momento para intervenir.
—¡Yepa!—exclamó— . ¡Por fin una nuera que me cae bien!
—Entiéndelo, Mari, cuando uno conoce a una mujer que le hace reír, ya no puede contentarse con una Barbie Salamanca. —Se encogió de hombros—. La vida es demasiado corta para malgastarla preocupándose por las apariencias.
María Fernanda se limitó a palidecer.
—Si es que todos los hombres sois unos cerdos —soltó Raquel.
—Tu mejor te estás calladita —la cortó Pedro. —Todo el mundo sabe que liaste al pobre Tomás para casaros para que la gente fingiese ignorar que él es gay y tú más puta que las gallinas.
María Fernanda casi sintió deseos de soltar un olé, pero la nueva sucesión de exclamaciones y desmayos entre el público la contuvo. Por mucho que le agradase ver a aquella zorra humillada, su boda era un fracaso mayor a cada segundo que pasaba. El miedo flotaba en el aire y algunos invitados empezaban a huir por temor a convertirse en otro daño colateral.
Inolvidable sí que va a ser.
—Oye, Pedrito, la próxima vez que decidas sacarme del armario me avisas —le espetó Tomás, con media sonrisa, casi parecía agradecido por lo que acababa de suceder.
—Serás… —empezó Raquel, trémula de rabia.
—No te hagas la inocente —la interrumpió Tomás—. Seguro que te faltan dedos para contar a los invitados que te has tirado.
Raquel empezó a sumar con gesto concentrado mientras los bolsos de las invitadas iniciaban una amenazadora mutación en garrotes de lentejuelas.
—Si quieres puedes contarnos a quiénes no te has tirado —la ayudó su ex prometido.
La situación era crítica. El sudor ya calaba el vestido de María Fernanda, cuando su amiga comenzó el inventario.
—No me he tirado al novio, ni al cura. —Frunció en entrecejo—. Tampoco a ningún tío de más de cuarenta tacos—.Varias decenas de bolsos se amansaron en el regazo de sus dueñas.
Ya no había más descartes. En aquel punto, Raquel dedicó una mirada de desafío a las invitadas más jóvenes, que empezaban a afilarse las garras
—¿Qué queréis? Una chica tiene que tener sus aficiones. —La voz le tembló; las mujeres despechadas avanzaban por el pasillo, como zombis hambrientos, en su dirección, mientras sus maridos aflojaban al unísono sus corbatas, aliviados por no ser ellos el blanco de la furia homicida.
Solo la intervención del padre de la novia evitó el baño de sangre.
—Amigos, por lo que parece no va a haber boda —tronó desde el púlpito— pero hemos pagado una pasta en el menú para que incluye una langosta por cabeza —en eso también ganaba a su prima, que había ido de moderna ofreciendo tofu— y sería una pena que se perdiesen
Las desmayadas comenzaron a despertarse y las cornudas retrajeron sus garras, convencidas de que la langosta era más apetecible y sabrosa que la carne de zorra de tres al cuarto.
—Ahí fuera tenemos autobuses. Creo que deberíamos subirnos, ir al restaurante a hartarnos de comida y dejar las peleas para otro día.
Una estampida se encaminó a los vehículos, incluida la madre de Pedro. Pronto, solo quedaban en la iglesia los novios, los padres de ella, Tomás y Alicia, que había dejado la cámara a un lado hacía ya tiempo, para sentarse a seguir el espectáculo con gesto de «solo me faltan las palomitas»; Raquel debía estar ya en aquellos momentos en Siberia a juzgar por la velocidad con la que escapara.
—Chicos, —dijo Tomás—yo me marcho, tengo una salida de armario que celebrar.
—Creo que me voy también, quiero contarle a Clarisa las buenas nuevas —se sonrojó Pedro.
Antes de que María pudiese despedirse, ya se habían ido. Casi era mejor, no habría sabido muy bien qué decirles.
—Hija, será mejor que nos vayamos—solicitó su madre.
—Idos vosotros, yo me quedo —atajó, no pensaba sufrir más humillaciones esa tarde.
—Pero, una comida de bodas sin novios…
—Es lo lógico el día de hoy, querida. Si la niña no quiere venir no la obligues.
La novia se quedó estupefacta. Su padre se convertía en su héroe particular por segunda vez en la jornada. Solo el miedo a resbalar con el charco de sudor que había bajo sus pies evitó que la joven se incorporase de un salto y le estampase un beso en la mejilla.

Sus padres subieron solos al restaurante. Diez minutos después, María Fernanda abandonaba el templo acompañada de Alicia. A la salida, esperaba una ostentosa limusina blanca.
Qué demonios, ya que está pagada.
—Tú has disfrutado con todo esto ¿no?— pregunto a Alicia, ya en el coche. La fotógrafa no había abierto la boca más que para contestar con monosílabos.
—No voy a negar que ha sido edificante —paladeó la última palabra—, pero lo que se dice disfrutar…Disfruté más en tu despedida, o mejor dicho —se sentó más próxima a María, casi a la distancia de un beso—, con lo que vino después.
Si la novia tenía alguna duda de a qué momento de la noche se refería su amiga, pronto quedaron disipadas cuando ésta comenzó jugar con uno de los mechones escapados de su moño.
—Esa noche estaba borracha —contestó automáticamente.
—Solo follas conmigo estando pedo —respondió la fotógrafa, en tono dolido.
María la miró a los ojos, y no captó en ellos burla alguna. El reproche parecía sentido y, sin duda, resultaba merecido. Eran demasiadas noches, desde aquella primera tras una fiesta en la Universidad, las excusadas con el alcohol.
La de su despedida sería la última. Se sentó a horcajadas sobre una sorprendida Alicia y comenzó a desabrocharle la camisa.
—Es hora de cambiar la tradición —susurró contra su cuello, antes de ordenar al chofer dirigirse al lujoso hotel donde tenía reservaba la suite nupcial.
Al menos, la noche de bodas sí que sería perfecta, constató, al sentir las manos de Alicia ascendiendo por sus muslos.



lunes, 4 de junio de 2012

Publicando a cuatro manos.... y no es porno XD

Parece que toca la temporada de dar la brasa por estos lares con autobombos varios. Si hace unos días os informaba de que me habían publicado un coso erótico titulado " A cuatro manos" hoy os anuncio otra publicación.... la de un relato escrito a cuatro manos, precisamente, con mi "Pepito Grillo" favorita Raelana DSagan.

El relato, que de momento es lo único que es terminado en mi vida a pachas con otro juntaletras, tiene su miga. Inicialmente nuestra idea era escribir una novela corta para el UPC, pero no sentamos bien las bases y, a medida que la cosa avanzaba,  íbamos teniendo más divergencias sobre cómo enfocar la historia... y los de Seur empezaban a cansarse de tanto paquetito con cabezas de caballo. Como somos así de raritas, además de posponer el invento upecero, no se nos ocurrió mejor idea que meternos en otro proyecto conjunto y, aprovechando que el Calabazas Catástrofes Naturales pasaba por ahí, decidimos probar qué era más fuerte: mi gafe calabacero o su ángel... Al final ganó mi gafe xd. Enseguida empezamos a pensar sobre qué tipo de catástrofe escribir y, tras descartar una que ella trataba en otro relato que ya tenía ganándose plaza en la antología de marras, nos decidimos por una tormenta de arena. Y la arena nos llevó a Egipto y a un proyecto más realista no solo con nuestra variedad de estilos (decir que somos agua y aceite sería un eufemismo) sino también mucho más cómodo para un primer proyecto a dos musas. Esto es, desarrollar una historia con un mismo escenario ( y otros elementos comunes que iréis viendo a lo largo de relato) mediante el uso de dos tramas paralelas: una desarrollada en la época de los faraones; la otra en un futuro indefinido. Una intimista, impecablemente desarrollada y sólidamente documentada ... la otra ligeramente cifi, pulp, malhablada y con un escarabajo marciano que se dedica a chupar cámara porque él lo vale y al que a su creadora no se le ocurrió mejor nombre que ponerle que Mopo. Supongo que no hará falta decir quién se encargó de cada parte.

Milagrosamente, la cosa cuajó y se convirtió en un relato que, ahora los editores de Axxón han visto lo bastante potable como para publicárnoslo

Si habéis sobrevivido a la tocho entrada, podéis suf... digo disfrutar del relato siguiendo este enlace 

miércoles, 30 de mayo de 2012

Publicando en otros lares

Hola, salgo de mi apatía bloggera por un día ( dentro de unos días ya me curraré una entrada chula sobre mi segunda publicación profesional. Otro relato, con la novela sigo sin atreverme XD) , para contaros que el blog El ojo y la aguja ( una suerte de revista literaria digital especializada en relato erótico) , me ha publicado uno de mis pequeñines, un delirio metatextual titulado " A cuatro manos"

Os dejo con el enlace al relato ( ya de paso os recomiendo echar un ojo al blog, merece mucho la pena)

http://ojoyaguja.blogspot.com/2012/05/cuatro-manos-por-ana-moran-infiesta.html

Y, a modo de aperitivo, os repico el incio de la historia



Finjo atarearme en el ordenador, mientras espero a que la profesora me remita las correcciones de mi último microrrelato o, en su defecto, un correo plagado de exabruptos. Eso, si no decide echarme un rapapolvo delante de toda la clase. No, soy injusta, Raquel no es así; le duele humillar a la gente, por eso limita sus correcciones al ámbito privado. 
Además, no me puede negar que me he ceñido al  tema propuesto: «metatexual». Qué le voy a hacer si mi musa es ese pozo de lujuria que se oculta bajo sus ropas severas, si cuando aporreo el teclado acaricio su cuerpo y en la pantalla veo sus labios esperando mi beso. Así, claro, sale lo que sale...


... el resto en el enlace de más arriba

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...