viernes 10 de julio de 2009

Amenaza en la Sombra


Un matrimonio que acaba de perder a su hija. Se traslada a Venecia durante la temporada baja a causa de las obligaciones laborales del marido (encargado de la restauración de una iglesia) y con al intención de superar su dolor. Pero la ciudad de los canales les traerá sorpresas la mujer entra en contacto con unas extrañas mujeres que dicen traer un mensaje de la niña y el marido comienza a ver signos inquietantes por toda la ciudad, incluida una figura que se asemeja a la de la propia niña fallecida.
Para colmo de males la presencia de un misterioso asesino en serie en la ciudad de los canales no hace más que enturbiar aun más las cosas.

Ficha Técnica



Director: Nicolas Roeg / Productores: Peter Katz, Frederick Muller , Anthony B. Unger / Guión: Allan Scott ( basado en el cuento corto de Dafne du Maurier / Fotografía: Anthony B. Richmond / Música: Pino Donaggio / Montaje: Graeme Clifford / Efectos especiales: / Intérpretes: Julie Christie (Laura Baxter), Donald Sutherland ( John Baxter), Hilary Mason (Heather), Clelia Matania (Wendy), Massimo Serato (Obispo Barbarrigo), Renato Scarpa (Inspector Longhi), Leopoldo Trieste (Hotel Manager), David Tree (Anthony Babbage), Ann Rye (Mandy Babbage), Nicholas Salter (as Johnny Baxter), Sharon Williams (Christine Baxter), Bruno Cattaneo, Adelina Poerio, Giorgio Trestini Nacionalidad y año: Gran Bretaña / Italia, 1973 / Duración y datos técnicos:110 Color

Comentario



Antes de nada permítanme aclarar que, por desgracia, no he tenido la oportunidad de leer el relato de Dafne Du Maurier en que se basa esta interesante película, así que limitaré a valorar la película por sí misma y no en función de su fidelidad al texto original.
Amenaza en la Sombra (Don´t Look Now, 1973) es una de esas películas que retan al espectador a demostrar lo listo, o mejor dicho lo intuitivo que es. Y es que a lo largo de todo el metraje se es evidente que la película va a desembocar en un final sorpresivo que el avezado espectador tratará, seguramente en vano, de anticipar.

Si resulta difícil anticipar cual será el final de la película, aún lo es más ubicar esta en un genero concreto, puesto que a lo largo del metraje se mezclan elementos típicos de las Ghost Stories, con predicciones , asesinos en serie y un aparente toque de “luz de gas”. Esta curiosa amalgama ayuda a crear un film solidamente confuso, pues Nicolas Roeg, persigue crear en el espectador la misma sensación de perplejidad, en la que están sumidos los protagonistas, especialmente el marido.

El espectador mira con desconfianza a todo aquel que puebla la pantalla, da igual lo pequeño que sea su papel, pues todo el mundo incluido el matrimonio protagonista si me apuran, parece estar ocultando algo. Las motivaciones de unos y otros, sus inquietudes, sus deseos nos son deliberadamente velados por el director quien nos ofrece un sin fin de pistas falsas. Una mirada una frase de cualquier personaje parece ocultar algo, o al menos eso busca Roeg que pensemos. A lo largo de las más de dos horas y media largas de película el espectador no puede evitar preguntarse si las 2 mujeres que dicen traer un mensaje de Christine ocultan algo , si la extraña actitud del párroco se debe simplemente a que no está demasiado interesado en la restauración de la iglesia o hay algo más. ¿Quién es el misterioso asesino? ¿Tal vez alguien a quien el espectador ya ha visto? Preguntas y más preguntas cuya respuesta varía conforme avanza la trama.

Pero Amenaza en la Sombra (Don´t Look Now, 1973), no es solo un brillante juego de espejos en forma de película, si no también un ejemplo de buen uso del escenario donde la historia trascurre. Roeg usa de forma brillante las posibilidades de Venecia como trasfondo para una historia inquietante (esas callejuelas estrechas y solitarias e incluso un poco lúgubres que de repente desembocan en una abarrotada vía principal), pero además es capaz de ofrecernos un vivo retrato de la ciudad de los canales sin tener que recurrir a los lugares comunes. El director huye de las sempiternas escenas en San Marcos o el Puente de los Suspiros, de los Paseos en Góndola, para retratarnos una Venecia más real que podemos disfrutar sólo con alejarnos un poco del centro, o con recorrer la ciudad de noche para vernos en situaciones relativamente parecidas a las que viven los protagonistas.
Tampoco cae el director en la tendencia al “paisajismo poético”, tedioso vicio de algunos directores cuando ruedan en escenarios estéticamente privilegiados, lo que sin duda contribuye que el ritmo de la película, pausado a la par que fluido, no decaiga.

La historia avanza hasta desembocar en un final sorpresivo, pero no tramposo, a altura de una película cuya mayor virtud es haber jugado con nosotros, mostrándonos todas sus cartas, otra cosa es que el espectador no haya sido capaz de ver si significado.

viernes 3 de julio de 2009

Bienvenidos a roswell

Saturno: Base de la guardia planetaria

— Coronel Dx; tenemos un problema — informó el Capitán Xz. La hinchazón de su cráneo revelaba que estaba preocupado.
El Coronel levantó al cabeza de las tablillas laser que estaba examinando. Era un ser ya mayor así que el gris de su piel casi se había tornado en verde. Como todos los de su especie, vestía únicamente una túnica recta ajustada por un rígido cinturón dorado; el azul del atuendo era lo único que reflejaba su cargo.
— ¿Qué ha pasado? – preguntó tono sereno.
— Verá. — empezó el Capitán buscando las palabras adecuadas—. Supongo que sabrá que el Teniente Wy se divorció hace unas semanas y que desde entonces lo ha estado celebrando cada noche en el lupanar de Madame Ixsis — .Se detuvo para tomar aliento y continúo ante una indicación de su superior—. La cuestión es que anoche se debió de exceder con el Polvo de Anillos y decidió robar uno de los platillos y liderar una invasión de un solo satur a uno de los planteas del Sistema Solar.
— ¿Qué Planeta? — preguntó alarmado.
— La Tierra—. El Capitán vio extrañado como el gesto del Coronel se relajaba mientras tecleaba en su consola una serie de comandos que les permitirán espiar al díscolo Teniente sin ser detectados. Una curiosa aplicación que había añadido a las naves un antecesor bastante paranoico. Solo los más altos cargos conocían su existencia.

Al punto oyeron una voz distorsionada por las hondas y los vapores del alcohol.

«Saturnooooooooo Patriaaaaaaaa Xxxquerdiaaaaaaaaa»


Sin duda el Teniente había continuado la fiesta en su nave. Los controles indicaban que estaba ya muy próximo a la tierra, posiblemente hubiese usado el turbo motor. Sería imposible interceptarlo a tiempo.
El Capitán iba a decir algo cuando un estrépito les sorprendió en el altavoz. Parecía el ruido de cristales rotos; a este le siguió una retahíla de maldiciones y chisporroteos.

En la nave, el perjudicado Teniente hacia lo que podía para tratar de dominar un transporte cuyo cuadro de mandos había sido anegado en licor de topo. Entre las brumas del alcohol veía como la nave atravesaba como un suspiro la atmósfera terrestre, como la tierra parecía precipitarse hasta él sin poder hacer nada al respecto.
Antes de estrellarse y perecer, una última imagen se clavó en su retina. Un trozo de madera o metal adornado con aquellos garabatos que los terrícolas llamaban escritura
: Bienvenidos a Roswell.

— ¡Ex mío! – exclamó el Capitán— Se ha estrellado. Ahora los terrícolas conocerán de nuestra existencia.
— Yo me atrevería a dudarlo Capitán— contesto el Coronel— He vivido infiltrado entre ellos y si algo sé es que les encanta buscar tres tentáculos al pulto. El gobierno tratará de ocultarlo todo con torpeza y el pueblo pensará que es un montaje para ocultar algún oscuro experimento. — sonrió satisfecho. — En cuanto al Teniente Wy, diremos que ha tenido la mala suerte de ser absorbido por un agujero negro mientras pilotaba ebrio.

miércoles 1 de julio de 2009

Escritura Autómatica: Su Santo grial

A Karen el sonido del disparo le recordó a los petardos que siempre tiraban lo
niños en las fiestas del barrio, incluso el olor que despedía el humante cañón del
arma que sujetaba en la mano derecha, le traía rememoranzas de los mismos.
Pero lo que más le sorprendía, era no tener remordimiento alguno por haber
acabado con la vida de la mujer que estaba tendía sobre la alfombra, rodeada por
las cartas de Tarot que habían caído de sus manos cuando resultó abatida. Karen
guardó la pistola en el bolso y se dispuso a salir de aquel cuarto. Lo tenía todo
planeado; en ningún momento se había desprendido de los guantes y, por si
algún despistado se aventuraba a aquellas horas de la noche por aquellas calles
desiertas, había puesto una tetilla de biberón a modo de silenciador. Sin hacer
ruido — llevaba zapados de suela de goma— se encaminó a la puerta trasera que
la víctima tenía en el negocio, una medida para que los clientes que se
avergonzaban de usar los servicios de una bruja no corriesen el riesgo de ser
vistos.

El miserable callejón al recibió con la pestilencia de los orines de los borrachos y
la comida putrefacta del restaurante de la esquina. Haciendo caso omiso al edor,
sus labios se curvaron en una sonrisa de satisfacción. Por fin alcanzaría su Santo
Grial particular, sin olvidar que, las interminables noches que había pasado en la
oscura y angosta cabina, fingiendo ser alguno de los seres queridos de los pobres
asistentes a las sesiones espíritas de Madam Balitsky, serían compensadas. Los
palos, las noches de ayuno, las mil y una afrentas sufridas en manos de la vieja
habían sido vengadas.

Llegó a la estación y abrió una mellada consigna. Extrajo de ella una vieja maleta
de cartón, fustigada por el paso de los años. No la abrió en aquel momento para
ver su contenido, sino que esperó hasta llegar al hotel en que se había registrado
bajo un nombre falso.

Abrió la maleta y depositó su contenido sobre la cama: un vestido rosa, como
para una niña de tres años, unos zapatos, unas medias, un osito de peluche al
que le faltaba un ojo y una mochilita. Sopesó esta última y la abrió. Más muñecos,
y una bolsa de caérmelos fosilizados. Nada que le resultase útil, salvo que…Sus
dedos tantearon algo en el fondo. Un trozo de cartón. Lo sacó con un cuidado
casi reverencial. Era una foto. En ella sonreían a la cámara un hombre de unos
treinta años y aspecto amable pero cansado, una mujer, algo más joven, y
sorprendentemente parecida a Karen y una niña pequeña de sonrisa desdentada:
Ella. Giró la foto. Cuando vio la inscripción lloró. John, Carol y la Pequeña Mary en
Central Park.

« Me llamo Mary» no podía parar de pensar mientras las lágrimas corrían por su
rostro, mientras la invadía un extraño sentimiento de victoria.

La codicia es el motor de muchos crímenes; el dinero, el poder, el amor…pueden
movernos a matar. En el caso de Karen, solo codiciaba lo que la bruja siempre le
había negado: su identidad, conocer quién era antes de que aquella horrible
mujer la secuestrara y esclavizara.

Danza Macabra



Un periodista deberá pasar la Noche de Difuntos en un viejo castillo aparentemente maldito a raíz de una apuesta con el escritor Edgar Allan Poe y el misteriosos Conde Blackwood.


Ficha Técnica



Director: Antonio Margheretti / Productores: Leo Lax y Ricardo Vicario / GuiónFotografía: Ricardo Palllotini / Música: Ritz Ortolani / Montaje: Otelo Colangelli / Efectos especiales: / Enrico CatalucciIntérpretesNacionalidad y año: Italia 1960/ Duración y datos técnicos: 87 minutos Blanco y Negro

Comentario



El cine italiano de terror vivió uno de sus mayores momentos de esplendor entre mediados de los años sesenta y los años setenta de la mano de autores como Ricardo Freeda, el maestro Mario Bava o el hacedor de la obra que hoy nos ocupa: Antonio Maghereti. Este último tal vez no sea un autor de la fama de los dos anteriormente citados , o del posterior Dario Argento, pero con Danza Macabra ( Danza Macabra, 1964) se ganó un merecido puesto de honor en el Olimpo del fantarerror italiano en general y del cine de viviendas encantadas en particular.

Danza Macabra ( Danza Macabra, 1964) está fuertemente influida por, La Máscara del Demonio ( La Masquera del Demonio, 1960) , ya no solo en el aspecto estético y la fotografía , con un uso de los claroscuros claramente deudor la obra de Bava, sino también por la presencia de la musa del terror transalpino : la inglesa Barbara Steele. Aún así y, pese a esas influencias, la obra de Margheretti es una película con personalidad propia y no un simple remedo de la anterior.

El punto de partida de la historia no puede ser más sugestivo. Un periodista inglés, escéptico y algo envarado, acude a una taberna a entrevistar al escritor norteamericano Edgar Allan Poe (quien está recitando fragmentos de la turbadora Berenice) , e inicia una pequeña discusión con el escritor sobre la existencia o no de lo sobrenatural. Su conversación es escuchada por el Conde Blackwood, quien le ofrece pasar esa noche en su castillo (es noche de difuntos). Al parecer el inmueble está encantado y ninguna de las personas que han pasado en los últimos años la noche allí ha vivido para contarlo: todas fallecieron en extrañas circunstancias y sus cuerpos yacen en el camposanto del castillo.
El periodista acepta, evidentemente, el trato y habrá de pasar la noche en la misteriosa vivienda.

Ya desde la verja de entrada, recubierta por la hiedra, la sensación de amenaza y misterio es palpable, también todo hay que decirlo, lo es el aire de decadencia; las tupidas enredaderas dotan al exterior de la vivienda de un exquisito barroquismo que antecede lo que nos encontraremos en el interior del castillo.

En esta primera toma de contacto con el castillo es donde Margheretti muestra su mejor pulso como director; en una escena sin diálogos y sin apenas música (cuando ésta aparece es para mal, todo hay que decirlo) vemos como Alan Foster recorre el citado jardín y el interior del castillo. El director dosifica con pulso el tempo narrativo y la creciente sensación de inquietud hasta que se manifiesta el primer fenómeno inquietante del castillo (que no citaré para no destripar nada), es apenas un flash pero está introducido en el momento adecuado para crear en el espectador, y el protagonista, la necesaria sensación de alerta.

A partir de ese momento comienza el verdadero sueño bizarro. Los habitantes del castillo interaccionaran con un cada vez más confuso (y menos escéptico) periodista. La sensación de opresión y de incertidumbre es cada vez más creciente y es recalcada con la puesta en escena. Cuadros que parecen temblar ante la mirada del sufrido espectador, personas que parecen desaparecer sin dejar rastro y vivencias del pasado que parecen volver a repetirse en un macabro bucle temporal. Una montaña rusa de sensaciones que provocan que paulatinamente la inquietud se transforme en el más básico miedo, casi en la locura, hasta devenir en un, aunque predecible, impactante final.

No obstante de sus virtudes, la película tiene, para esta humilde escribiente, un defecto que provoca que el resultado de la película si bien estupendo no llegue a la categoría de magnífico: el uso de la música. La partitura de Ritz Ortolani abusa del crescendo para recalcar situaciones de tensión. Un defecto, por otro lado, relativamente común en el género y que podría haberse dejado pasar si en algún que otro momento los citados crescendo no “spoileasen” lo que va a suceder a continuación. Un problema menor, de todas formas, dentro de una película que sigue atesorando una calidad más que notable y cuyo visionado es una verdadera delicia para los aficionados al género.

viernes 26 de junio de 2009

Tomasin

María leía el periódico mientras daba sorbos a su taza de café y esperaba a que el
resto de los habitantes de la casa bajase a desayunar. No demasiado pronto,
esperaba. Aquel momento a solas era uno de los que más disfrutaba a lo largo del
día.

Sin embargo, el destino truncó rápidamente su esperanza: Su marido bajo
mientras leía la sección de Noticias Etnográficas del periódico; un rápido vistazo le
mostró que el anillo de bodas había desaparecido de la mano de su consorte.

— No me digas que te apostaste el anillo.
— Bueno, cari, es que tenía buenas cartas y…
— Ya te dije que no jugases con él a las cartas— le reprendió, mientras lanzaba
un vistazo fugaz a la pequeña mesa donde comía siempre el tercer habitante de la
casa — siempre te acaba ganando.

Dicho esto, se sumergió de nuevo en el diario ante la mirada desvalida de su
esposo.
La sección regional venía cargada de novedades. El cuélebre que cobraba peaje en
la Ruta del Alba, había sido arrestado por evasión de impuestos, el marido de una
presentadora de la tele se había fugado con una Xana y la Guestia había sido
multada por encender fuego en periodo de prohibición de hacer uso del mismo
en zonas de bosque, ante el riesgo de incendios. Lo habitual vamos. En Cataluña,
proseguía el juicio por plagio a la editorial Marvel por haber robado la imagen del
Conde Arnau para diseñar a su Ghost Rider.

Las noticias habituales desde el Folklorazo. Lo que la llevaba a pensar en el tercer
habitante de la casa, que en aquellos momentos entraba en la cocina bostezando.
Era pequeñito, de rostro pillo y orejas picudas y vestía traje típico Asturiano. Se
tapaba la boca con la mano izquierda, por lo que el agujero perfectamente
redondo que tenía en la misma dejaba ver parte de su lengua. Tomasin, como le
habían bautizado, era un trasgu estándar, y un dolor de cabeza constante para
sus anfitriones. En otro tiempo, habrían podido espantarle con algún subterfugio
disfrazado de apuesta como: obligare a acarrear agua del rio en un cesto de paja
sin perder gota alguna o traer un puñado de grano en su mano izquierda sin que
se le escapara. Pero con la nueva ley, tales medidas eran consideradas “crueldad
innecesaria”. Además, Tomasin ya venía con la casa— habían preguntado si
contenía algún fantasma pero, ilusos ellos, no habían pensado en trasgus— así
que, en cierto modo, los invasores eran ellos.
«No es que fuese mal chico» pensaba María mientras le veía comer pulcramente
una manzana (era un raro ejemplar de trasno vegetariano) tenía buena
conversación, y exquisitos modales a la mesa (mejores que los de su marido,
pensaba mientras veía a Antonio limpiarse los dedos pringados de mermelada a
la camiseta) y, al contrario del de sus vecinos, no jugaba a los bolos a las tantas
de la noche en el desván. El problema es que le encantaban las cartas y siempre
liaba a Antonio para que jugase con él…María había intentado convencer a su
marido de dejar su pequeña timba o apostar menos fuerte. Pero, de nada servía.
Estaba obsesionado con llegar a batir un día a Tomasin en su propio juego.

María sabía que tenía que hacer algo, pero no se le ocurría idea alguna. Al menos
no tuvo esa inspiración hasta meses más tarde de la pérdida del anillo.
Como todas las mañanas leía el periódico, demorándose en la sección de Noticias
Etnográficas en busca de inspiración. En aquella ocasión, una captó su interés de
inmediato. En centro de talasoterapia de una conocida localidad costera se había
encontrado con que, en una de sus piscinas marinas, vivía una Serena (desde
tiempos remotos según parecía). Al no poder expulsarla, ni acepar ésta la oferta
económica que le hacían por su hogar, un trabajador bastante avispado (al que ,
pudo comprobar María, habían ascendido a Director Comercial) había tenido la
idea de promocionar la piscina con Serena incluida (consultando previamente con
la afectada) como un innovador tratamiento de Talaso-musicoterapia. La piscina
tenía lista de espera y varios parientes y familiares de la inesperada socia habían
sido contactados para ampliar el número de piscinas que ofrecían aquel
tratamiento.

La noticia plantó en María la semilla de la que sería su gran idea para evitar que
su marido les arruinase jugando a las cartas en sus noches de insomnio. Fue
dando forma a la misma durante varias semanas antes de hablar con el resto de
los habitantes de la casa. Hasta que un día, les convocó para plantearles su plan.

Lo primero que harían sería trasformar la casa y la vieja cuadra, que usaban como
trastero, en alojamiento rural. Una vez hecho eso, se promocionarían como Casa-
Casino del Trasgu. La idea era sencilla, los clientes podrán reatar a Tomasin, por las
noches, a jugar a las cartas; si ellos ganaban, cosa casi imposible, no tendrían que
pagar la estancia contratada a modo de premio, si eran derrotados, tendrían que
asumir sus pérdidas y no podrían reclamar nada al hotel. Seguro que, en poco
tiempo, tendrían una larga lista de espera de gentes que deseaban imponer la
inteligencia del hombre sobre la de “enanitos mitológicos” — como llamaban los
sectores antropocéntricos a los trasgus. Antonio podría paliar su insomnio
jugando con aquellos que no deseasen enfrentarse a Tomasin o, teniendo que
esperar turno, quisiesen calentar un poco antes de entrar en lid con él.


Trasgu y marido aceptaron encantados y al poco comenzaron las obras. Debo
señalar que estas les resultaron altamente económicas, pues, habiéndose el
capataz autoinvitado a la casa principal y siendo el hombre un forofo de las
partidas de cartas con altas apuestas, Tomasin recuperó, gracias a sus dones, la
mayor parte del montante de las mismas.

Una vez abierto el local, las predicciones de María se cumplieron. Solo una vez
Tomasin fue derrotado y se pudo demostrar que su contendiente había hecho uso
de todo un arsenal de tramas. Así fue que, el taimado tramposo, en lugar de
obtener un fin de semana gratuito, termino nadando en el rio. Mientras era
arrastrado por la corriente, un rayo solitario, enviado por el Nuberu (quien había
sufrido en sus carnes las habilidades del tramposo y estaba sediento de justicia
poética), cayó del cielo chamuscándolo ligeramente y acabado, de una vez para
siempre, con sus ganas de burlarse de las criaturas mitológicas.

jueves 18 de junio de 2009

Pasadizo de Reseñas: La Frusta e il corpo

Os dejo con la reseña de una de las mejores películas del Maestro Bava: La Frusta e Il Corpo . Una película tan sugestiva como narrativamente compleja que requiere de , al menos, un par de visionados para aprecirala en toda su grandeza.

miércoles 17 de junio de 2009

Escritura Automática I: La Luz de la Verdad

— ¡Oh, Zeus!, ilumina mi camino y permite que lleve a cabo mi misión. — exclamó el hombre mirando desolado el oscuro laberinto que se abría ante sus ojos.

Se llamaba Euristiano, y hacía tiempo que había abandonado la juventud, sus músculos eran flácidos y el abdomen se curvaba generosamente, evidenciado la calidad de los guisos de su mujer. Apenas alcanzaba el metro cincuenta de estatura y lo que sujetaba en las manos difícilmente podía calificarse de espada. Sin embargo, Euristiano se consideraba a sí mismo un héroe de su pueblo o, al menos el prototipo de uno. Por eso se había adentrado en el laberinto que había bajo Tesarania, su ciudad, en busca de la lo que llamaban La Luz de la Verdad. El fuego que no nuca se apagaba o consumía, el fuego que solo quemaba al impío: el fuego de Hestia.

Pero lo único que había logrado era perderse. A Teseo no le hubiese pasado, pero, claro, el tenía una Ariadna sujetando el hilo que le servía de guía y él solo a Kaliope roncando en casa. Resignado siguió avanzando mientras se encomendaba a Zeus con la esperanza de que su valentía animase al Rey de los Dioses a ayudarle. Pero parecía hacer oídos sordos a sus plegarias. Y eso, se decía el aspirante a héroe, que tenemos mucho en común: ambos tenemos la desgracia de soportar a una mujer celosa que monta en cólera cada vez que miramos a una chica bonita; claro que, Hera tenía su parte de razón...Y, a Kalilope, nunca se le ocurrirían venganzas como imponer doce pruebas imposibles para tratar de matar al hijo ilegítimo de su esposo.

Pensar le ayudaba a espantar sus miedos. Se contaban cosas horribles sobre el laberinto, como que Magera la más terrible de las Erinias, lo usaba para pasar sus vacaciones, o que un primo segundo del Cerbero era el encargado de custodiar la Luz. Además, estaban los ruidos. Siseos en los túneles aledaños. Ruidos de pisadas que parecían provenir de detrás de él y se paraban en cuanto se giraba. En momentos como aquellos, el heroicismo amenazaba con abandonarlo y le entraban ganas de salir corriendo y soltar la espada. Solo el miedo a perderse se lo impedía. No tenía idea alguna de donde se encontraba, así que era mejor seguir avanzando.

En otros momentos, pensaba en el anhelado objetivo y los sueños de gloria le daban alas en su búsqueda, desdeñaba los ruidos y las leyendas y caminaba con paso firme y la cabeza erguida. Pero los instantes de optimismo duraban poco; hasta que un chillido quebraba el aire, haciéndole sentir la cercanía de un pequeño Hades. Pero la felicidad y la supervivencia de su pueblo requerían que alguien se hiciese con el fuego, y ese alguien debía de ser él. No podía permitirse que, los rivales que avanzaban por otros corredores, lo encontrasen primero. Por una vez no sería el herrero más torpe de todo Tesarania, sino su más glorioso héroe. Así que se tomaba cada grito cómo la corroboración de que había un rival menos compitiendo por la gloria.

Tenía antes sí otro cruce. Se encomendó de nuevo a Zeus, pero el Dios debía estar demasiado ocupado seduciendo a alguna incauta jovencita como para oír la llamada de su más ferviente campeón. Cabizbajo, se lo pensó unos instantes y se decantó por el túnel situado más a su derecha. Avanzó por él durante unos angustiosos metros y llegó a otra intersección. Sin molestarse en encomendarse a Zeus, optó de nuevo por el ramal más alejado, el único que parecía vagamente iluminado.

Los gritos eran cada vez más escasos, y los pasos ya no lo importunaban. Lo consideró una señal de que estaba cerca de su objetivo. Pero aún tendría que atravesar una centena de túneles y dudar ante una decena de cruces. Sin volver la vista atrás o desandar sus pasos. Siempre hacia delante. Unas veces por miedo, otras por la determinación que brindan los sueños de gloria; el fuego tenía que ser suyo.

Al llegar al final del último túnel un gruñido le sacó de sus pensamientos. Esta vez no había llegado a un cruce de caminos, ante él se alzaban unas inmensas puertas flanqueadas por enormes teas en las que brillaba un fuego azulado. Frente a ellas estaba su custodio. Euristiano tuvo que reprimir una carcajada al verlo, por temor a merecer la cólera divina. Cierto que podía ser pariente de cerbero, las tres cabezas chillonas lo atestiguaban, pero ahí concluía el parecido. Si Cerbero eran una musculosa bestia, grande y fuerte como un caballo, aquella especie de caniche tricéfalo no alcanzaba el tamaño de un gato. Tenía más peligro su molesto ladrido que el ataque de sus mandíbulas. Euristiano avanzó con paso firme y hundió su espada en el espinazo del patético can que intentaba montar su pierna — debía de estar necesitado— La escuchimizada espada se rompió al dar el golpe mortal.

Muerto el vigilante. Se acercó a la puerta y antes siquiera de alzar la aldaba en forma de cabeza de grifo las puertas se abrieron de par en par. Ante él apareció un inmenso salón; en el centro brillaba una tea de llama dorada. Junto a esta una mujer hermosa y de gesto plácido le miraba. La diosa Hestia.
— ¿Qué deseáis al invadir mi santuario?
— La Luz de la Verdad, Gran diosa Hestia — contestó Euristiano mientras se arrodillaba— Es vital para mi pueblo que lo consiga.
— En ese caso, cogedlo, pero sed prudente—le aconsejó— ya sabéis lo que ocurre a aquel que coge la Luz de la Verdad con el corazón cargado de mentiras.

Euristiano hizo oídos sordos y con gesto avaro cogió la tea. Al punto, un calor infernal invadió su cuerpo, que comenzó a arder en una llama blanca pura hasta que en el suelo solo quedó un montón de cenizas, igual a otros muchos que circundaban al altar.

— Sabia, Atena — preguntó Hestia a la mujer que estaba oculta entre las sombras— ¿Cuando tiempo tendré que aguantar la irritante presencia de hombrecillos que dicen haber seducido a mi sobrina Afrodita para convertirse en el héroe de su vecinos.
— Mientras el Hombre siga fingiendo creer en los Dioses, pero menospreciando nuestro verdadero poder, estimada Hestia.